PLUMAS DE LA CONSTITUCIÓN: QUIÉNES Y CÓMO SE VA A
ESCRIBIR LA NUEVA CARTA MAGNA
Chile, 18 junio de 2021
“Una de las dudas que más han aparecido
sobre el proceso constituyente es cómo se puede escribir un texto entre 155
personas, considerando que aún no existen consensos respecto a qué debe incluir
el escrito, ni en qué estructura, si consideramos que se acordó seguir la
lógica de la “hoja en blanco”.
Esto se puede explicar en forma muy
sencilla, en tres pasos: reglamento, comisiones y redacción.
El primer paso luego de instalar la convención será elaborar un reglamento que rija
los procedimientos para elaborar la nueva Constitución. Esto da pie al segundo
paso: el mismo reglamento definirá la creación de comisiones encargadas de
distintos aspectos a debatir, en relación a puntos de debate en común que
existan entre los convencionales.
El director del Centro de Estudios
Constitucionales de la Universidad de Talca, Humberto Nogueira,
explicó: “Es lo mismo que el proceso legislativo. Los convencionales se
organizan en comisiones, y ellas realizan una primera redacción, la cual luego
va a ser revisada en el pleno, y luego va a pasar a la comisión de
armonización, precisamente para darle los últimos toques al texto. De esa
manera, por lo tanto, se va afinando el texto a través de las comisiones de los
plenarios, y finalmente de la comisión de armonización”.
A partir del debate interno que exista
en cada una de las comisiones irán saliendo los distintos textos preliminares
que irán conformando el futuro texto, que incluso pueden irse redactando en
paralelo. Este sería el tercer paso y final, sin contar posibles debates
intermedios que tendrá cada texto que salga de estas comisiones.
Por “armonización”, término
nuevo para quienes no están relacionados al mundo de las leyes, se entiende en
hacer coherentes los distintos textos que serán elaborados por las comisiones y
el pleno, cosa que ningún artículo sea contradictorio con otro, además de dotar
de una redacción adecuada y precisión jurídica al trabajo final.
Sin embargo, es preciso indicar que el
número de comisiones y sus funciones aún no está fijo, y será tarea de los
mismos constituyentes definirlas.
Las plumas de
1833
Con esto, aparece la siguiente duda: que
las constituciones partan con una “hoja en blanco”, ¿implica que no lleven nada
de las constituciones anteriores?
Si viajamos casi doscientos años al
pasado, a 1833, nos encontramos con un Chile recién en una etapa de
organización posterior a la Guerra de la Independencia. En esa fecha se redactó
un texto constitucional que rigió la República por los 92 años que le
siguieron, y que parte de sus estructuras perduran y siguen rigiendo incluso
hasta el día de hoy.
La académica especialista en derecho
constitucional de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, Marianne
González, expuso acerca de ese texto: “Los principales autores que la
terminan son Mariano Egaña y Gandarillas. Ambos eran abogados, tenían una formación
legal, se habían educado en la Real Universidad de San Felipe. Tenían una
formación más antigua, todavía influenciada por el período colonial, pero que
ya estaban en este momento más transicional, moviéndose hacia el período
republicano”.
Una de las principales características
que enunció González es que la carta magna de 1833 no partió
de cero, sino que tomó gran parte del texto de la Constitución de 1828. En esa
línea, aquella carta fundamental se plantea en el preámbulo “como una reforma a
la constitución de 1828, que es una reforma muy intensa. En ese sentido se
entiende que es una nueva constitución, porque además hay un contexto
político”.
Sin ir más lejos, parte de la
Constitución actual mantiene elementos de la de 1833. Así mismo indicó la
profesora González, quien también es doctora en historia de la Universidad de
Columbia: “El artículo 76, que especifica que las funciones judiciales
pertenecen “exclusivamente a los tribunales establecidos por la ley”, y no al
poder Ejecutivo ni al Legislativo, es un artículo prácticamente copiado de la
Constitución de Cádiz de 1812, que rigió a la Monarquía Española tan solo dos
años, pero tiene el mérito de ser la primera constitución hecha en esa nación”.
Este artículo tiene 208 años de
existencia, y ha regido en Chile al menos hace 188 años, ya que se incluyó en las constituciones de 1833, 1925 y en la que nos
rige actualmente.
Pero el inciso que la profesora entiende
como el más antiguo sería el inciso primero del primer artículo de la
Constitución: “Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.
“Este inciso es en su esencia el mismo que el primer inciso de la Declaración
de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, documento fundamental de la
Revolución Francesa. Data de 1789”, extendió.
Los textos fuente
de 1980
En tanto, sobre el texto de 1925, González instauró
una diferencia: “Ahí fue bien importante la presencia de José Maza, que era el
ministro de Justicia de Alessandri. Hubo distintas fases: una primera suerte de
comisión consultiva, que era bastante grande, pero luego en el proyecto de
redacción interviene de manera bastante activa Alessandri. Él está presente en
la comisión final que revisa el proyecto”.
Alrededor de 55 años después, la
redacción de la Constitución actual que nos rige, la de 1980, estuvo a cargo de
dos organismos: la Comisión Ortúzar, presidida por el académico y ministro
Enrique Ortúzar; y el Consejo de Estado. Estos fueron creados durante la
dictadura militar, la cual suspendió la aplicación de la Constitución de 1925
desde el Golpe de Estado de 1973. Ambos procesos se llevaron a cabo a puertas
cerradas.
El profesor de Derecho Constitucional de
la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Alan Bronfman,
detalló al respecto: “Ese proyecto tuvo como fuente la Constitución de 1925, y
otra fuente importante fue un proyecto presentado por el entonces expresidente
Jorge Alessandri en julio de 1964, proyecto que en su momento había sido
redactado por el mismo Enrique Ortúzar con Enrique Silva Cimma”.
¿Por qué no prosperó ese proyecto de
1968? Puntualizó Bronfman: “Después triunfó Frei en las elecciones
y no pasó nada en lo constituyente. Pero ese proyecto fue importante después en
la Constitución de 1980, entre otras razones porque Jaime Guzmán, uno de los
integrantes de la Comisión Ortúzar era muy cercano a Alessandri”.
El proceso fue de tal desconexión
democrática que, indican los académicos, no existen actas de su redacción, ya
que gran parte de ella se llevó a cabo a través de llamadas telefónicas entre
miembros de la Comisión y Pinochet.
Las plumas del
2022
En teoría, la labor de escribir el nuevo
texto constitucional será de los 155 convencionales electos. Sin embargo, cada
lista tiene su propio equipo técnico asesor, y en cada uno de ellos existen
ciertas directrices en las cuales basar su trabajo durante el proceso.
Al respecto, el constituyente electo por
el distrito 13 y militante del Partido Comunista, Marcos Barraza,
expresó que esto no es “una cuestión de expertos, especialistas o comités
asesores. Es una responsabilidad que le incumbe a todas y todos los
constituyentes”, y añadió que deben haber dos etapas en la escritura del texto:
una primera “en diálogo con la sociedad organizada: personas, comunidades,
juntas de vecinos”, y una segunda, de trabajo más centrado en la redacción
desde los mismos convencionales.
Desde Vamos por Chile, convencionales
indican que están recién formando mesas de trabajo y de organización. Así lo
recalcó Cristián Monckeberg (distrito 10), quien dijo que como
lista “nos interesa llegar a la convención con la mejor asesoría y de la manera
más preparada posible”.
En tanto, Ruggero Cozzi,
electo en el distrito 6 con cupo RN, adelantó que es “importante tener a la
vista la Constitución de 1925, por la tradición democrática que esta
representa; así como también la Constitución de 1980, que si bien tuvo un
carácter refundacional, en ese momento de la historia fueron vanguardistas, con
la protección del medioambiente y la autonomía del Banco Central”, y por
último, “el proyecto de Michelle Bachelet, que presenta a fines de su gobierno.
Yo creo que en base a esos tres textos va a ser posible encontrar ciertas
coordenadas en común”.
Por su lado, sobre basarse en el texto
de 1980, Barraza, quien fue también ministro de Desarrollo Social
durante el gobierno de Michelle Bachelet, subrayó: “Yo no me apego en nada a la
actual Constitución, no porque no exista probablemente algún artículo o algo
que sea pertinente, no me apego en nada porque la racionalidad de la
Constitución vigente es completamente neoliberal”.
Esto lo secundó el abogado a cargo del
equipo de asesoría técnica de los convencionales del Partido Socialista, Flavio
Quezada: “En lo personal, parte importante del desafío actual es erradicar
la Constitución de Pinochet, entendiendo por ella no solo el texto, sino que la
práctica que se ha generado a raíz de ese texto. En ese sentido, honestamente,
en lo estrictamente personal como abogado, no le tengo ningún aprecio a nada de
esta constitución”.
Por otro lado, la constituyente por el
distrito 20, Amaya Álvez, reveló que como Apruebo Dignidad no hay
una propuesta concreta respecto a comisiones de armonización, y que están
concentrados aún en la instalación de la Convención.
Sin embargo, Álvez, quien es
doctora en derecho y profesora en la U. de Concepción, aclaró que es un
concepto “anacrónico” el pensar esto desde los equipos técnicos: “La
Constitución es una norma de sentido común, es el marco de convivencia. Debiera
ser entendible para cualquier ciudadano o ciudadana. redactada en términos
fáciles, simples. Habla de la vida que queremos vivir en conjunto, no es un
texto para expertos. No está secuestrada o capturada por técnicos”.
En esa misma línea, la convencional
electa en el distrito 10 por Independientes No Neutrales, Patricia
Politzer, arguyó que “el texto debe escribirse en un lenguaje claro y
comprensible para cualquier habitante del país y no en un lenguaje técnico”, y
que la meta es que cualquier ciudadano o ciudadana “la haga propia y
ojalá se sienta orgulloso de ella”.
Asimismo, la convencional y compañera de
lista de Politzer por el distrito 20, Tammy Pustilnick, destacó que
espera que quienes asuman la labor de elaborar el texto representen “la
diversidad de la Convención” y que el resultado tenga “una redacción clara,
cercana y sin tanto tecnicismo”.
El profesor de derecho de la Universidad
de Chile Eric Palma, quien está asesorando a la Lista del Pueblo en
materia de contenidos, no quiso participar de este reportaje. Fuentes del
colectivo aseguraron que aún están definiendo estos aspectos de cara al primer
día de instalación de la Convención.
Preámbulo y
primer artículo
Tanto el texto constitucional de 1833
como el de 1925 tienen un preámbulo: una especie de introducción previa al
cuerpo mismo del documento. En él se suele narrar la situación política vivida
en el país y las razones que llevaron a su ciudadanía a modificar la
Constitución. La de 1980 no tiene.
La profesora González esgrimió
una explicación ante esto: “Tiene que ver con una noción por un lado más
autoritaria. Decir: acá no necesitamos venir a justificar por qué estamos
dictando un nuevo texto constitucional. Simplemente lo hacemos porque podemos
hacerlo”.
Al respecto, Barraza opinó
que en la posible futura Constitución debe existir un preámbulo que “exprese el
momento del país y la trayectoria a iniciar”, y que hay cuatro conceptos que
deben “inundar la nueva Constitución: dignidad, justicia social, derechos
igualitarios y soberanía”.
Por su parte, Álvez fue
más allá y aventuró un primer inciso del primer artículo, la primera línea de
la Constitución de 2022: “Seguramente hay cosas más importantes que decir esta
vez, como decir que Chile es un estado plurinacional”. No obstante, marcó que
“es importante el artículo 1, pero no lo es todo. Bien podría ser parte de un
preámbulo, pero hay que definir las novedades, ¿no? que claramente es la
inclusión de personas que históricamente han sido excluidas: los territorios,
las mujeres y los pueblos originarios”.
Tomado
de diario BIOBIOCHILE.cl